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¿Conoces a un niño que te parece perezoso, distraído o problemático? Esta lectura es para ti

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Quizá no sea mala conducta: su cerebro todavía está aprendiendo a concentrarse, a controlar lo que siente y a organizarse. Una psicóloga y neuropsicóloga explica cómo ayudarle.

Tu hijo se queda mirando por la ventana en vez de hacer la tarea. Tu sobrino llora de rabia cuando la torre de bloques se cae. Tu primo no para de moverse en la silla y todos dicen que «no se concentra». Casi siempre reaccionamos igual: «es perezoso», «es mal genio», «es problemático».

La psicóloga y neuropsicóloga Corina Celedón V. propone mirar de otra forma. En su artículo Comprender la mente, explica que detrás de cada conducta hay procesos que no se ven: cómo atiende el niño, cómo recuerda, cómo maneja lo que siente y cómo se organiza.

Un cerebro que todavía está aprendiendo

Los niños están desarrollando las llamadas funciones ejecutivas: las habilidades que permiten recordar instrucciones, frenar impulsos y planear los pasos de una tarea. Se desarrollan poco a poco.

¿Te suena? Le dices a tu hijo: «Guarda la maleta, cámbiate el uniforme y baja a almorzar». Diez minutos después está jugando con un carrito. Quizá no te desafió: la orden tenía demasiados pasos.

Qué ayuda: instrucciones cortas, rutinas fijas, listas con dibujos y tareas divididas en pasos pequeños.

Lo que siente cambia cómo aprende

El miedo a equivocarse, la ansiedad y la frustración pueden bloquear la atención. La curiosidad y sentirse parte del grupo la favorecen.

¿Te suena? Tu sobrina se sabe la lección, pero al pasar al tablero se queda en blanco. No es que no estudió: los nervios le ganaron.

La meta no es evitar las emociones difíciles, sino enseñar a reconocerlas y a calmarse. Cuando un adulto acompaña al niño a recuperar la calma, poco a poco él aprende a hacerlo solo. En lugar de «¡deja de llorar!», prueba con «veo que estás frustrado, respiremos y lo intentamos de nuevo».

Describir, no etiquetar

Decir «es perezoso» convierte lo que el niño hace en lo que es. Es más útil preguntarse: ¿entendió la instrucción?, ¿la tarea era muy larga?, ¿está cansado o frustrado?, ¿necesita ayuda para organizarse?

Una conducta aislada no permite diagnosticar a nadie. Si las dificultades persisten o afectan su bienestar, lo indicado es consultar a un profesional.

Qué puedes hacer desde hoy
Da instrucciones claras y de pocos pasos.
Usa agendas y recordatorios visuales.
Ponle nombre a lo que siente, sin dejar de mantener los límites.
Reconoce sus avances: «hoy empezaste la tarea sin que te lo pidiera».
Comparte lo que observas con el colegio y trabajen en equipo.
Comprender no es consentir

Entender a un niño no significa justificarlo todo ni exigirle menos. Significa descubrir qué necesita para avanzar y acompañarlo con conocimiento y cariño.

La próxima vez que ese niño se distraiga o se frustre, haz una pausa y pregúntate: ¿qué necesita en este momento? Es el primer paso para acompañarlo mejor.

Corina Celedon V. Psicologa- Neuropsicologa

Foto:KAROLINA GRABOWSKA
KABOOMPICS;

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