En el marco de la reciente revocación de visa por parte de Estados Unidos al presidente colombiano Gustavo Petro, se ha desatado una polémica diplomática con ecos en varios países de América Latina, incluyendo Bolivia. Sectores políticos y líderes internacionales han denunciado lo ocurrido como una maniobra que busca amedrentar y silenciar voces críticas, aludiendo a una estrategia de presión política sobre gobiernos con posiciones independientes.
El expresidente boliviano Evo Morales afirmó que “los presidentes del pueblo no tienen visa y son atacados por el imperio”, al defender a Petro y aludir a que su retiro de visado responde a su activismo y discursos internacionales.
Por su parte, el presidente de Bolivia, Luis Arce, manifestó públicamente su apoyo al mandatario colombiano y alertó sobre lo que considera una ofensiva política de la derecha regional contra gobiernos progresistas. Arce señaló que la medida del retiro de visa encaja en una dinámica de desestabilización de administraciones electas democráticamente.
Petro, desde su llegada a Bogotá tras el incidente, aseguró que la decisión de Estados Unidos viola normas internacionales y los principios de inmunidad aplicables a presidentes que participan en organismos como Naciones Unidas.
En Colombia, la reacción oficial también ha sido fuerte. El Ministro del Interior, Armando Benedetti, calificó la medida como parte de un patrón de presiones políticas, y defendió la soberanía nacional ante lo que él considera intervencionismo diplomático por parte de EE.UU.
